miércoles, 12 de agosto de 2009

Reeditando posts: Se te cortó internet? Andá a trabajar al locutorio!

Haciendo trámites de esos que la espera es interminable, busqué refugio para hacer rendir un poco más ese tiempo muerto: UN LOCUTORIO.
Mi objetivo: responder mails, uno de los trabajos diarios que me ha encomendado la comunicación moderna. Me dispuse a abrir el correo, pero cuando quise contestar, el esfuerzo para coordinar una respuesta coherente, fue sobrehumano.



Una señora, a viva voz, en una cabina cercana (con cero acústica, por cierto...) le cuenta a su amiga sus avatares sexuales con un tal Quique que la visita esporádicamente, con descripciones vívidas de los encuentros, que fueron inquietantemente más interesantes que los mails a responder.
Superpuesto, a los pocos minutos, otra señora llama para pedir que comiencen a orar juntas al Señor (que no es el mismo señor que el de la otra conversación por cierto) porque el hijo necesita conseguir lugar en una pensión en Flores.

El cocktail fatal se completa con otra señora que quiere llamar al exterior e insiste e insiste con que el chico del locutorio le consiga el codigo de Area de una ciudad completamente desconocida.
Finalmente, entran dos chicos que piden máquinas para jugar en red. Se calzan los auriculares. "Qué suerte" pienso "no va a haber ruido!". Equivocado: se gritan de una máquina a otra: catarata de comentarios, risas adolescentes y un rosario de puteadas que hasta el propio Enrique Pinti debe desconocer.

Pregunta: el muchacho que atiende no lo puede dar máquinas cercanas? Y hace lo que puede pobre: él está como en un Nirvana, mascando chicle mientras te da la cabina, máquina para internet, pasa un fax, atiende el kiosco, te destapa la bebida chiquita de vidrio, hace la carga virtual a celulares, graba archivos en CD, se fija que salga bien la impresión: un verdadero pulpo multifunción.

Respondo como puedo los dos o tres mails que me parecen urgentes y cuando salgo a la calle es como una ola de serenidad que me invade. Hay bocinazos lejanos... pero nada comparable a la contaminación auditiva que me llevo puesta de ese ratito en las entrañas de un locutorio del barrio: un mundo de sensaciones.

2 comentarios:

Verónica Molina dijo...

Mi problema en esos lugares es que cuando uso las PCs tienen los teclados más pedorros que hay, y encima mugrientos, así que busco mi mail, tipeo mi nombre, el arroba, dos signos de interrogación y ya huyo despavorida... ja! Como vos, escribo un par de mails, me canso y me voy.

Son lugares del orto, realmente. Perdón por la expresión, pero no hay otra que la reemplace, no?

Marcelo Cafferata dijo...

Si, lugares de mierda, podria ser? POngamos ahi entonces el humor para que nos parezca mas aceptable la estadia....