lunes, 14 de diciembre de 2009

Blues de fin de año: se viene el balance

Resulta que si yo me pongo con un recetario a prescribir medicamentos termino preso por ejercicio ilegal de la medicina. Pero cualquiera que se precie de ser humano, a medida que se acercan las navidades se pone a hacer balances.

Y...? Y...? No hay una penalidad para el que se pone a hacer balances sin tener el título? Eh?

Y si, mal que me pese en esta época del año, escucho la odiada palabra balance  nosecuantasveces por día. Todos hacen balances! Y bien orgullosos que andan por la vida, con sus balances recién hechitos.

Cada vez que pronuncian la divina palabra, mi mente vuela, asocia inexorablemente a resúmenes bancarios, facturas, vales, comprobantes y miles de papeluchos en el sublime encuentro anual donde todo tiene que dar con todo.
Y al centavo. Y si no da.... aaaaaaahhhhhhhh bueno, a hamacarse, punteando listados interminables a la búsqueda de la diferencia perdida.
Después de un rato, o un largo rato, o unas horitas, incluso días, la bendita diferencia aparece y todo cierra (a veces no sin un adicional de magia contable, se entiende, no?) con su correspondiente "final feliz".

A esta altura del año, hasta el frasco de yogur me avisa con la fecha de vencimiento 05/01/10, que el 2009 se termina prontito. Una vez más, estamos en la maravillosa época donde todo el mundo hace ejercicio ilegal de la contabilidad. Pero lo bueno de estos balances "off the records" es que no tienen que cerrar tan exactamente, tan al centavo.
La vida es muchísimo más flexible que la aburridísima contabilidad y entonces podemos rendirnos al placer de sumar y restar otras cosas, que no tienen valor en moneda ni corriente ni constante ni ajustada por inflación.

Son balances que aún cuando hayan dado alguna pérdida, nos pueden haber dejado un aprendizaje mucho más interesante que en un año que nos dio ganancia. Hay balances tranquilos, con poca ganancia, pero con mucha paz. Balances convulsionados, puro movimiento, puro cambio: con pérdidas y ganancias inesperadas.
Balances que nos muestran que ya somos otros, que no hay vuelta atrás... que el salto está dado.
Balances animados y balances temerosos. Balances turbulentos y balances mansos. Otros llenos de esperanza: lo mejor está por venir. Los habrá con mucha sabiduría: la voz ganada por tantos balances hechos.

Y cada uno con el que me cruzo hace su propio balance, de esos donde nadie necesita un contador. Es un balance personal, intimo, interior, confesional: nada que ver con las dos columnas frías de debe y haber.
Y en estos balances sin firma certificada por el Consejo Profesional hay mucha más riqueza, mucha más historia, mucha más vida que en los que yo pueda hacer.

Asi que mientras hago algunos de estos más formales y aburridos que tengo que terminar en estos días, me uno a la troupe de contadores sin diploma y hago el mio propio.

Y la verdad, este año no puedo quejarme... porque entre las muchas pequeñas ganancias, está este blog, totalmente inimaginado al inicio del año. Blog al que te agradezco enormemente que estés leyendo en este momento, compartiendo entonces una de las riquezas que me trajo el año que se termina. Gracias por acompañarme!





3 comentarios:

Verito dijo...

Gracias, Revoleando, por ser parte de mi balance positivo de este año. Con este blog, ese taller, aquel grupete que se formó y con en el que nos seguimos relacionando blog a blog, post a post, saltando por el ciberespacio entre unos y otros.

Contadores con o sin título (para estas cuestiones no importan, es verdad) acá hay un lindo balance para mostrar a los auditores. =)

Marcelo Cafferata dijo...

Gracias Vero! Fue una experiencia super positiva!
Besos...

amandastein dijo...

Jaja, estás equivocado. Todo el mundo prescribe medicamentos. ¿Sabés la cantidad de veces que receto A y la paciente me dice "no me puede dar B. Mi cuñada me dijo que es buenísimo"?

Besos y buen balance